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El alerta por la polilla de la vid se extiende a toda la provincia

07/02/2011 Opina

Llegó en abril de 2008 a los viñedos chilenos proveniente del hemisferio Norte. A un año de haberla «importado» desde allá y de comenzar las acciones para combatirla en Mendoza, la vendimia próxima trae aparejada preocupación por el avance de Lobesia Botrana, la polilla de la vid. De hecho, Senasa e Iscamen extendieron ya 3.500 trampas para el monitoreo en toda la provincia, incluida la zona Este, Valle de Uco y Sur provincial, con fuertes sospechas de que la plaga se expande.

En total, la superficie que ocupa la red de control es de 158.964,4 hectáreas, de las que más de 73% corresponde los oasis Norte y Este. Según informa Iscamen, «el objeto es controlar el foco de Lobesia Botrana, mantenerla circunscripta a la zona de detección, evitar su ingreso a zonas actualmente libres y eventualmente erradicarla», en clara alusión a lo dificultoso que resultará esto último. Por ahora, el mayor problema está en los viñedos de parte de Maipú y Luján, ya declarados en cuarentena. Los números son elocuentes: por semana llegan a capturarse más de 100 insectos.

Sin embargo, la dispersión de la polilla está latente. Hasta que los exámenes de laboratorio confirmen 4 hallazgos en La Consulta, Eugenio Bustos, Vista Flores y Villa Seca, según lo confirmó el presidente del Iscamen, Leandro Montané, a Los Andes, el Valle de Uco por ahora se considera libre. Una situación similar, aunque con capturas puntuales, atraviesan Palmira y Medrano, en la zona Este.

En cualquier caso, con los resultados de análisis en mano, los funcionarios de Senasa e Iscamen definirán durante esta semana en Buenos Aires la estrategia a seguir. Léase, si mantener la alerta en dichas zonas o directamente declararlas en cuarentena. «Normalmente el criterio para declarar cuarentena es haber detectado más de una polilla. Pero se debe considerar el estado de madurez (larvas) antes de decidir, y si se evalúa insuficiente, el paso previo es densificar el monitoreo con más trampas», explicó Montané.

Actualmente, la densidad promedio (distancia entre trampas) es de 1 cada 100 hectáreas, aunque desde el Iscamen admiten que aún es necesario incrementarla en el Sur mendocino.

Alcance y ajustes al control

Tal es la relevancia de la plaga, que el Programa Nacional de Prevención de Lobesia Botrana ya tiene presupuesto propio: $ 6,5 millones para 2011. Se distingue a Maipú, Luján, y parte de Guaymallén como área de cuarentena, es decir, con las limitaciones para el transporte de uva a otras zonas y controles más estrictos. Pero atrás quedó el radio inicial de 2.500 hectáreas bajo vigilancia: la temporada 2011 arranca con una zona mucho más amplia de monitoreo, delimitada por las barreras sanitarias de Tupungato y Zapata (Tupungato) al Centro-Oeste, Ñacuñán al Sur, Desaguadero al Este y San José (Lavalle) al Norte.

Mientras Mendoza sigue en Emergencia Agropecuaria hasta marzo, hay varias señales de alerta. Una es la disposición emitida por Senasa a fines de enero subraya que frutales y olivos pueden ser hospederos de la polilla, e incluye a autos particulares y micros desde y hacia las zonas supervisadas en los controles, que hasta ahora abarcaban a maquinaria agrícola, camiones y plantines de vid. Especialmente desde el Norte-Este hacia Centro-Sur de Mendoza. Y la restante pasa por la concentración o densidad de trampas (ver gráfico).

Lo cierto es que el ente local ya reglamentó las exigencias para «manejo de maquinaria, envases para cosecha y acarreo, movimiento de uva y registros», tanto en fincas, como bodegas y transporte (ver a parte), definidas en una reunión con San Juan, La Rioja y el coordinador de Protección Vegetal de Senasa, Carlos Bontcheff, días atrás.

Por lo pronto, tras una inversión de $ 2,3 millones en total, hoy técnicos de Senasa verificarán la primera de dos cámaras de tratamiento de uva en fresco con bromuro de metilo, para habilitarla ésta semana, en tanto que en los próximos días harían lo propio con la segunda.

Ambas funcionarán en Santa Rosa, y cabe destacar que el tratamiento es exclusivamente para uva fresca y pasa de uva sin industrializar.

Opinan los productores

En ese contexto, la preocupación de los productores choca de frente con el temor a las pérdidas comerciales. Como lo expresa un productor y bodeguero de San Martín, que se debate entre denunciar o no el hallazgo de insectos cerca de su propiedad.

«Si lo hago ahora vamos a quedar en cuarentena y será imposible vender uva afuera. Prefiero esperar hasta después de la cosecha, sea como sea», reflexiona el hombre, que prefiere no identificarse y cuenta con unas 100 hectáreas entre cuarteles de chardonnay, malbec, merlot, tempranillo, Pedro Jiménez, además de algunos frutales como durazno.

Los técnicos, por su parte, se enfrentan a la reticencia de ciertos establecimientos, donde se les ha impedido entrar. Si la situación se repite, podrían apelar al poder de policía que tiene Iscamen, aseguran.

Francisco Tejera, de la Cámara de Agricultura de Tupungato, no oculta su incertidumbre: «Creo que Iscamen trabaja bien en el control del transporte con las barreras sanitarias. Pero estamos preocupados; con éste tipo de plaga no se descarta algún brote en algún momento». De hecho, la entidad solicitó un trabajo más exhaustivo.

Fuente: Diario Los Andes.-