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A 20 años del crimen del peluquero, un caso que aún continúa impune

14/02/2011 1 Comentario

En San Martín se registró hace veinte años un hecho y que, si bien no tuvo tanta trascendencia provincial, igualmente fue considerado grave: el asesinato del peluquero de damas Armando Manzo; ocurrido en la madrugada del primer domingo de diciembre de 1991.

Su cuerpo fue hallado en inmediaciones del Carril Costa Canal Montecaseros y la Ruta Nacional 7, camino a Alto Salvador, en una solitaria calle, pasadas las 7 de la mañana, por un ciclista que acertó a pasar por el lugar.

El caso recayó en el Segundo Juzgado de Instrucción, a cargo de Dalton Martínez, pero se diluyó en la maraña del tiempo. No hubo condenados y el mismo pasó al archivo, quedando irresuelto.

En ese Juzgado -en la actualidad intervenido por disposición de la Corte Suprema- , los familiares sintieron que no había interés en avanzar en la investigación: «El juez Martínez nos decía que aportáramos pruebas, que investigáramos, pero nosotros sentíamos que no se estaba haciendo nada», dijo una hermana de Manzo. La Seccional 12 de Policía e Investigaciones iniciaron, en ese momento, las actuaciones.

La década de los 90 fue particularmente violenta en Mendoza. Varios asesinatos y desapariciones, que se produjeron en ese lapso, jamás se resolvieron. Basta recordar las de Garrido, Baigorria y Guardati que quedaron impunes y sus cuerpos jamás aparecieron. Hubo otros, que fueron ultimados por grupos parapoliciales, poniendo de manifiesto una notable homofobia, como Neme y Ros, en febrero de 1992.

Irma de Neme, que perdió a su hijo 3 meses después de este hecho, recordó el caso porque colaboró a través de la entonces naciente Cofavi (Comisión de Padres y Familiares de Víctimas Inocentes de la Violencia Policial, Judicial e Institucional) y reivindicó «la lucha de toda la familia de Armando, muy especialmente de su madre Juana.

Ella hizo todo lo que pudo para esclarecer el caso, pero nunca se conoció la verdad». Doña Juana Navarro, quien nunca superó el episodio, falleció 5 años después de su hijo, presa de una infinita tristeza.

«En ese tiempo, teníamos una Mendoza homofóbica», recuerda la dirigente social, y reconoce que si bien aún no se alcanza el ideal hoy «la sociedad ha madurado».

Los hechos

La madrugada del primero de diciembre de 2001, Armando Manzo fue encontrado en el asiento del acompañante de su auto, un Torino color café con leche, con un tiro en la nuca. Nada le habían robado.

Por el hecho, sólo se detuvo por el lapso de un día a Roberto Giménez (60) -propietario de la peluquería donde trabajaba Manso- a quien se lo liberó por falta de mérito. Giménez lo recuerda como «un gran amigo y un gran compañero, una persona excelente». Consultado acerca de si imaginaba el porqué de su muerte, aseveró: «Es lo que yo me pregunto todos los días de mi vida».

Susana Manzo (56), lo describió como «un ejemplo de hermano, que siempre andaba contento. Todo era alegría para él. Fue un buen hijo y un buen padre, porque yo tuve una hija de soltera, y él hizo las veces de padre, porque me ayudó mucho en la crianza».

Ella lo vio con vida por última vez pasada la medianoche de ese fatídico día domingo. Después, lo volvió a ver, pero en la morgue para su reconocimiento. «Yo pienso que a mi hermano lo mandaron a matar. No me avergüenza decir que era pareja de Roberto (Giménez) y que nuestra familia siempre sospecho de él».

Sus últimos movimientos

Mientras desde su familia se abonó la idea de que fue un asesinato por encargo, los últimos movimientos de Armando Manzo se circunscriben a que se lo vio paseando por la Avenida Libertador, solo, en su vehículo, esa madrugada de primavera. Un testigo que viajaba en el colectivo de San Martín a Palmira, juró que en las inmediaciones del autódromo estaba su auto cerca de las 5 de la mañana, y una persona con la bicicleta al costado, conversando con él.

Aparentemente, desde allí fue abordado y se presume que lo ejecutaron en el lugar y luego dejaron el auto donde fue hallado, en el camino a Alto Salvador. Se cree que intervino más de una persona y que el «trabajo» fue realizado con sumo profesionalismo, toda vez que no se encontraron rastros, por mérito del o los asesinos, o por deficiencias en la investigación.

La lucha de sus familiares en reclamo de justicia, fue infructuosa. La marcha organizada a un año de su muerte, en Palmira, apenas contó con un puñado de personas. «Sentimos que nadie se quería involucrar ni comprometer. Era como que en el pueblo tenían miedo», recuerda Susana. Acudieron luego a la Comisión de Derechos y Garantías del Senado de la Provincia, denunciando parálisis en la investigación, pero tampoco tuvieron respuestas satisfactorias.

Hipótesis

Varias hipótesis se tejieron, en ese momento, acerca del móvil de la muerte del peluquero. ¿Crimen por encargo, actuación de un grupo poli-parapolicial o una reyerta sentimental? La verdad nunca se supo, pero sí todos coincidieron en que el motivo no fue, precisamente, un robo.

Mientras de tanto en tanto y de vez en vez, alguna flor da vida a la tumba donde descansan los restos de Armando Manzo en el cementerio de Palmira, su caso pasó a ser uno más en la historia policial de Mendoza. Uno más que quedó impune, sin resolver, en esa violenta década del noventa, en la «Mendoza homofóbica», como atina a definirla Irma de Neme.

Fuente: Diario Los Andes.-

1 Comentario »

  • pablo dijo:

    Me llamo pablo soy el sobrino de armando todavia no puedo superar la perdida y a raiz de eso la de mi abuela , mis tios/as y mi padre. solo queria decir que todo se paga en esta vida y gimenez lo va a pagar por que no tuvo el valor de hacer el lo que hizo con rmando.. QUE DIOS TE CUIDE GIMENEZ ES EL UNICOQUE LO VA A PODER HACER REZA