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Desafiará su parálisis saltando en paracaídas desde los 3.000 metros

01/04/2011 1 Comentario

Mauricio Cantalejos tiene 36 años y no siente su cuerpo desde las axilas hasta los pies; el panorama es duro, pero él le resta dramatismo al asunto y en la charla recuerda que quedó paralítico tras un accidente de tránsito en 1996, cuando su propio auto le cayó encima y le partió las vértebras dorsales 4ª y 5ª. Fin de una etapa, vuelta de página y nuevo capítulo en su vida.

Desde entonces Mauricio no tiene sensibilidad en la mayor parte de su cuerpo, aunque lejos de desanimarse, el muchacho se juró al comienzo de su recuperación y en una cama de hospital, salir adelante de esa y de todas las adversidades que pudieran venir más tarde, por muy de punta que la vida se empecinara en mandarlas.

«Tengo muchas ganas de vivir», resume Mauricio y para confirmar la voluntad y las ganas que le pone a las cosas, por estas horas se prepara para saltar en paracaídas, desde una avioneta a 3.000 metros de altura sobre el aeroclub de San Martín. Será un salto en tándem, a mediados de la semana que viene, con un instructor pegado a su espalda.

El paracaidismo no es para cualquiera, porque entre otras cosas, hay que estar dispuesto a bajar en caída libre a una velocidad que llega a los 200 kilómetros por hora. Yo no lo haría y se me ocurre que la mayor parte de los lectores tampoco. «Me entusiasmé luego de que acompañé a un amigo, Abel Ortiz, a hacer su salto en el aeroclub de San Martín», cuenta Mauricio y sigue: «Ese mismo día le pregunté al instructor si yo podría saltar. Él me miró de arriba a abajo y me dijo: Claro, ¿por qué no?».

El instructor al que se refiere Mauricio es Fernando Tudela, un hombre de 46 años, alto y fibroso, que viene lanzándose en paracaídas desde los 19 y que vive un tiempo en la Argentina, otro en Canadá, en México o donde su profesión y la temporada lo lleve. Fernando tiene algo así como 5.600 saltos realizados, ese montón lo transforma en un profesional y la seguridad que muestra a todo el que busca vivir la experiencia, es lo que terminó por convencer a Mauricio de que él también quería intentarlo.

«Siempre me gustaron las alturas, desde pibe, y saltar en paracaídas era un sueño que pensé que no cumpliría jamás», dice Mauricio, que durante la semana trabaja como empleado administrativo de la comuna de San Martín y redondea sus ingresos como diseñador en PC. «Nunca me gustaron las computadoras, pero después del accidente, las empecé a mirar con cariño porque sabía que podría trabajar con ellas».

El hermano mayor de Mauricio es Pablo (40) y cuenta, entre otras anécdotas, que su hermano estuvo cuatro meses en rehabilitación: «Lo normal para una lesión tan grave como la suya es de un año a 18 meses o incluso 24, pero él desde el comienzo le puso muchas ganas, horas de entrenamiento en la clínica y luego en la casa. Es un tipo vital, que nunca maldijo o insultó a nadie por su situación».

El salto de paracaidismo en tándem lleva a que el instructor y el pasajero vayan sujetos por el mismo arnés y es el primero quien abre el paracaídas, luego de una caída libre de 45 segundos llena de adrenalina y a una velocidad de 200 kilómetros por hora. Una vez que la tela se despliega, el descenso final demora unos 10 minutos.
«Cuando estemos por llegar a tierra, Mauricio deberá sostenerse las piernas en cuclillas y caeremos como en cucharita, sobre la cola», dice Fernando y cuenta que en su larga experiencia de instructor ha saltado con todo tipo de gente: «Desde niños de cuatro años (en México, acá está prohibido) y con adultos de 86, una canadiense cuyo marido fue paracaidista en la Segunda Guerra Mundial y ella quería vivir la experiencia».

El salto estaba programado para este sábado, pero ese día habrá restricciones de vuelos en la zona dispuestas por el Ejército, por lo que la fecha se pospuso para la semana que viene. «Será miércoles o jueves; estoy muy entusiasmado con la idea», cierra Mauricio.

 

 

Fuente: Diario Los Andes.-

 

1 Comentario »

  • OBSERVADOR PUBLICO dijo:

    PARA ESTE BUEN HOMBRE NO HAY OTRO DEPORTE MENOS RIESGOSO.