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Murió por defender a su bebé de un perro

24/05/2011 Opina

«Si lo siguen dejando salir a la calle, ese perro algún día va a terminar matando a alguien» le había comentado Silvia Noemí Moyano (39) a una vecina, hace menos de diez días. En aquel momento, la mujer no sabía cuánta razón tendría su advertencia, y muchos menos que ella sería la víctima fatal de ese pitbull, que desde hacía unos cinco meses vivía en la vivienda frente a su casa, en el barrio San Pedro, de la ciudad de San Martín.

El pitbull ya ha había sido denunciado sin éxito por atacar a quienes pasaban por la vereda e incluso, la ferocidad del animal había dado cuenta de los pellejos y de la vida de más de un choco de la cuadra. El temor más grande de Silvia era que el perro finalmente mordiera a alguno de sus hijos, que como otros pibes solían jugar en la vereda e ir y venir a la escuela.

Hacía quince años que Silvia estaba en pareja con Carlos Bianchini (43), un camionero que por trabajo solía ausentarse tres o cuadro días de la casa que alquilaban desde hacía varios años en el número 15 de la manzana 5, del populoso barrio San Pedro.

«Se me murió del susto, tirada en el comedor de la casa y en medio de la pelea de los perros; traté de revivirla, le hice respiración boca a boca, pero no hubo caso», dice Carlos Bianchini, abatido por la trágica experiencia que le tocó vivir en la siesta del sábado y sigue: «Ese perro me desarmó la familia, dejó a mis pibes sin su mamá y hasta acá nadie vino a ver qué pasó: ni el dueño del pitbull, ni la policía ni la Municipalidad».

El resto de los vecinos sí se arrimó y hasta armó una colecta para juntarle a Carlos algunos pesos que lo ayuden a seguir adelante con sus cuatro chicos, Marcelo (13), Paula (10), Alex (4) y Valentín, un gordito cachetón de apenas 9 meses y que ya anda extrañando la teta de su mamá.

El sábado, Carlos había llegado de un viaje y después de almorzar en familia, como a eso de las 4 de la tarde salió a la vereda junto a su mujer. El hombre estaba evaluando si ir en ese momento a devolver el camión a la empresa o esperar algunos minutos más y terminar la sobremesa, cuando de la casa de enfrente, donde viven los Rodríguez, se escapó una vez más el pitbull.

«Sale por la vereda detrás de otro perro, pero enseguida se vuelve, cruza la calle y encara para la casa», va recordando, como quien relata una película de final terrible. El animal pasó junto a la pareja y entró en la casa rumbo al comedor. En ese momento, a Silvia se le desfiguró la cara, Valentín estaba durmiendo en una de las habitaciones y el perro le podía caer encima en cualquier momento.

«Mi mujer entró detrás del perro y trató de abrir la puerta del patio para que saliera, pero en ese momento mis dos perros se le vinieron encima y se pusieron a pelear en medio del comedor», cuenta Carlos, que entró a la carrera detrás de su mujer. Silvia sacó al bebé de la casa y volvió enseguida para ayudar a su marido que, en vano, trataba de separar a los animales.

A esa altura, el comedor de la casa era un verdadero desastre, los animales habían logrado dar vuelta la mesa, había en el suelo restos de una docena de adornos y al televisor sólo lo sostenía sobre la mesa el cable de la antena.

«En ese momento, Silvia cayó desvanecida en el comedor, junto a los animales que no dejaban de morderse. Yo miraba para la vereda donde estaba el dueño del pitbull y no hacía nada. ?Hijo de puta, vení a buscar a tu perro’ le grité pero seguía afuera como si nada pasara».

Tal vez fue en ese momento que Carlos entendió que su esposa se le estaba muriendo, como pudo intentó revivirla, improvisó masajes cardíacos y respiración boca a boca, pero no hubo caso. A esa altura, la casa se había llenado con algunos vecinos que se acercaron alertados por los gritos, mientras que el dueño del pitbull se llevaba a su animal.

Ya muerta por un paro cardíaco, Silvia fue llevada en ambulancia al hospital Perrupato.

«¿Quién se hace responsable por esto? ¿Cómo les explico yo a mis pibes que su mamá no vuelve más y cómo sigo adelante sin su ayuda?», se preguntaba ayer Carlos, en su casa, junto a sus pibes y a un grupo de buenos vecinos.

 

Fuente: Diario Los Andes.-