HomeMAS NOTICIAS

Robo en el campo de cables, máquinas y químicos, cada vez más organizado

22/06/2011 Opina

En las zonas rurales del Este, el robo de maquinarias, agroquímicos, cables y herramientas de trabajo se ha vuelto cada vez más una tarea a cargo de bandas organizadas que actúan de madrugada y que tienen asegurado de antemano la venta de lo que consiguen.

Ésta es la sensación que tienen no sólo los empresarios y productores de la región, sino parte de la policía, que comprueba cómo en la mayoría de los robos y asaltos, los delincuentes no actúan al voleo, sino que lo hacen respondiendo a la oferta y demanda de un mercado negro que paga por estos productos y que no se logra desmantelar.

Así, mientras que hace sólo un año el robo de aceitunas era una epidemia que afectaba a los productores de la zona, hoy ese delito prácticamente ha desaparecido porque el precio que se paga (un peso por kilo de aceituna) no resulta tentador para los ladrones; en cambio, el robo de cobre creció un 100 por ciento en los últimos dos meses, precisamente porque ese metal alcanzó valores históricos de más de 30 pesos el kilo de cobre usado.

«Estas bandas se mueven con mucha impunidad por la escasa vigilancia que la policía ofrece en las zonas rurales», se queja José Álvarez, presidente de la cooperativa eléctrica Alto Verde, que en zonas rurales de San Martín, Junín y Santa Rosa viene sufriendo el robo de cables en el tendido eléctrico y transformadores, con un promedio de un delito cada dos noches.

«Hay robos por encargo y en productos específicos», asegura en San Martín el concejal radical Sharbel Morcos, que invitó a algunos comisarios al recinto, con la idea de conocer los recursos con que cuenta la fuerza y el plan logístico que se aplica.

Mercado negro

«Qué delincuente va a robar un tractor si no tiene a quién vendérselo o por qué alguien se llevaría algo tan pesado como es el arado de una finca, la despalilladora de una bodega o una tonelada de agroquímicos si no los puede ubicar rápidamente», se preguntan productores y empresarios, para luego concluir lo obvio, que este tipo de robos está en manos de bandas cada vez más organizadas.

Hace algunos días asaltaron una fábrica en Santa Rosa y se llevaron 150 bolsas de ácido tartárico, producto que se usa en la elaboración de vinos y es la segunda vez que ocurre en el año: «Posiblemente esos agroquímicos ya estén ubicados en alguna bodega», creen los investigadores; en marzo, las instalaciones de la bodega Ana María Viñolo, en San Martín fueron saqueadas por una banda que rompió el portón, cargó toda la maquinaria que pudo en un camión y escapó del lugar.

El enólogo de la bodega calculó las pérdidas en $ 350.000 y dijo que era la segunda vez que sufrían un robo de esas características.

El sábado, en su discurso de fin de cosecha y ante unas 600 personas entre políticos y empresarios, el presidente del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este, Javier Palau, aseguró: «Seguimos sufriendo violentos asaltos y algunos parecen planificados en detalle: bodegas vaciadas, viñedos desmantelados, robo de insumos y herramientas».

El dirigente vitivinícola denunció, además, la habitual falta de movilidad que padece la policía encargada de patrullar las zonas rurales, algo que aunque el gobernador Celso Jaque intentó minimizar cuando le tocó hablar ante los empresarios en ese almuerzo, diario Los Andes pudo comprobar en una recorrida por el distrito de La Central.

Reunión amplia

Los ejemplos abundan y algunos productores señalan que parte de la solución está en controlar mejor a los acopiadores, chacaritas y locales de compra y venta de elementos usados: «La Afip, Rentas y las comunas deben ir junto con la policía a verificar el origen de las mercaderías»; en febrero, por dar otro ejemplo, de la finca de Daniel Flamant, en Montecaseros, una banda de delincuentes se robó un arado de rejas y la sulfatadora del tractor: «El arado debe pesar 5.000 kilos, ¿por qué alguien robaría algo tan grande e incómodo si no lo tiene vendido de antemano?», dice el productor.

«Hace falta una reunión amplia entre la cúpula de la policía y los distintos sectores afectados, pero no para llorar sobre el muerto porque este problema ya tiene diez años, sino para entre todos encontrar una solución», propone el presidente de la cooperativa eléctrica Alto Verde.

 

Fuente: Diario Los Andes.-