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“Mancuso” Molina, el referí que dirige partidos de amputados

26/06/2011 Opina

El fútbol para amputados es poco conocido y hay quienes no saben que la Argentina tiene su selección”, dice “Mancuso” Molina, un árbitro paceño de 45 años que perdió su mano izquierda en un accidente y que dirige partidos de la Federación Argentina de Fútbol para Amputados. El hombre piensa y arriesga: “Jugar al fútbol sin una pierna o sin un brazo sirve para amigarte con esa limitación y así aprendés a superarla. Es una terapia muy importante”.

En 1985 era época de servicio militar obligatorio en la Argentina y a Luis Alberto Molina todavía no lo apodaban “Mancuso”. Era entonces un muchacho que contaba 18 años de edad y, tras el sorteo del Ejército, le tocó aquello de ir a cumplir con la patria. Molina fue destinado a Junín de Los Andes, donde se acomodó en la panadería del regimiento, un trabajo tranquilo que le hacía más llevadera aquella vida colimba de borcegos, órdenes insólitas, fusiles y guardias trasnochadas.

El asunto iba bien hasta una mañana fulera en la que todo cambió de manera drástica: en un descuido de esos que hacen historia, la sobadora de pan confundió la mano de Luis con un bollo de masa y se la trituró sin contemplaciones. El accidente le afectó la mano izquierda hasta la muñeca, pero estando internado en el hospital, la cosa se complicó y una gangrena le tomó la herida que terminó comiéndole buena parte del antebrazo; recién luego de trece operaciones al muchacho le dieron el alta y pudo volver a su pueblo.

“Siempre me gustó el fútbol y antes de ir al Ejército jugaba en el club Cadetes Chilenos; era delantero y me tenía fe para buscar futuro en otros clubes pero el accidente me afectó y también me hizo perder estabilidad porque con un solo brazo hay que aprender a correr de nuevo”, dice Luis, a quien en La Paz el ingenio popular apodó como “Mancuso”, asunto que mató dos pájaros de un tiro, al unir su pasión por el fútbol en el nombre del recordado mediocampista y la similitud de ese apellido con la palabra manco.

“Acá soy el Mancuso”, dice el hombre, que está casado con Mary y que juntos tienen dos hijos: Mauro y Morena. A los 45 años, es referí de la Liga Mendocina de Fútbol y también dirige partidos de amputados, deporte que llegó a la Argentina en 2001 y que hoy tiene jugadores en cuatro provincias, incluidos siete en Mendoza; entre todos ellos surge la selección nacional de futbolistas amputados, de la que Luis se siente parte, aunque su tarea sea la de referí.

“Me faltaba una mano y quise seguir ligado al fútbol pero no me interesaba ser técnico. Entonces en 1990 me metí a hacer el curso de árbitro”, cuenta “Mancuso” y dice que fue juez en ligas de toda la zona Este. “Acá no te podés achicar con la gente porque en muchas canchas ni siquiera hay alambrado para separar al público”.

-Y si no le molesta ¿cuál es el insulto con el que más lo agreden?

– ¡Y cuál va a ser, el de manco hijo de p…! pero no me molesta.

Luego rindió en la Liga Mendocina y fue a comienzos del nuevo siglo que un instructor de árbitros le habló de los futbolistas amputados. Le dijo que por qué no se arrimaba al grupo, que había una especie de sede en Entre Ríos y que se probara como arquero. “¿Como arquero?”, preguntó Molina algo extrañado. Pero claro, en el fútbol de amputados las personas a las que les falta una pierna corren detrás de la pelota con la ayuda de muletas y la gran picardía es que el arquero tiene que ser manco.

“Me entusiasmé y me fui a probar a Entre Ríos pero no era lo mío”, recuerda Molina y sigue: “El asunto es que se venía la Copa América y cuando se enteraron de que yo era árbitro me preguntaron si quería participar. Les dije que sí, me estudié el reglamento y desde entonces estoy con los muchachos”.

La Copa América de amputados se jugó en 2009 y la Argentina perdió 2 a 1 la final con Brasil; después, en 2010, también en Entre Ríos, se jugó el mundial, en el que participaron 16 países y la Argentina perdió la final por 3 a 1 contra Uzbekistán. Molina dirigió allí más de 20 partidos, incluido el encuentro por el tercer puesto entre Turquía y Rusia. “Hay lugares en los que este deporte es profesional y también hay países que por diversas guerras o conflictos internos tienen muchos amputados entre su población y este deporte es entonces muy popular”.

Molina dice que el fútbol para amputados es un deporte pero también una terapia: “Hay gente que pensó en pegarse un tiro y gracias a esto recuperó la sonrisa. Te lo digo porque los he visto; yo con el arbitraje he recorrido muchos lugares y, si lo pienso ,capaz que es más la plata que he puesto que la que me han pagado, pero eso no me molesta y no me arrepiento. Este deporte me ha dado muchos amigos y voy a seguir dirigiendo mientras las piernas me acompañen”.

 

Fuente: Diario Los Andes.-

 

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