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La historia que une a Santa Rosa

15/07/2011 Opina

«Viejo, cruzate de una disparada a lo del compadre Martín, porque parece que alguien le ha dejado un bebé en la puerta», le ordenó doña Olga Campos a su marido, que en seguida dejó lo que estaba haciendo y salió para la casa de los vecinos. Eso fue el martes a la noche en la entrada al pueblo de Santa Rosa. Y el asunto era cierto nomás, porque adentro de una bolsa de nylon y envuelta en un par de trapos sucios, alguien había dejado una beba en la puerta de la rotisería La Gallega.

La criaturita tenía apenas unas pocas horas de nacida y hasta mantenía el cordón umbilical atado con una piola; estaba desnuda entre los trapos y ni siquiera lloraba, aunque tiritaba de puro frío.

Los Martín se encariñaron tanto con aquella niña desamparada, que desde esa misma noche supieron que querían adoptarla y ahora todo el pueblo los apoya y hasta han organizado una marcha; María Antonia (45), la hija del matrimonio dueño de la rotisería, prefiere no hablar con la prensa, aunque se sabe por los vecinos que ella siente que Dios le envió una señal al dejarle un bebé en la puerta de la casa.

«Mi hija es una madraza, le encantan los niños y aunque no tiene hijos propios, ayudó a criar a seis sobrinos», explicó Elsa, esposa de don José y cocinera en la rotisería: «Yo también soy hija adoptiva y sé lo que significa el amor de unos padres que te aceptan como sos; creo que para ella esto es un sueño, quiere quedarse con la beba y espero que la jueza se ponga en su lugar, porque si se la quitan me parece que se me muere de la tristeza».

Pero volvamos a la noche del martes. Son más de las 10, hace un rato que la rotisería La Gallega cerró sus puertas y el perrito Mateo, la mascota de la familia Martín, anda medio nervioso y va y viene por el salón del negocio, como avisando al dueño de que algo está ocurriendo allá afuera, en medio de la oscuridad de la noche.

«Hacía una media hora que habíamos cerrado porque ya no venía nadie a comer y casi que nos estábamos por ir a dormir, cuando el Mateo empezó a ladrar junto a la puerta», recordaba ayer don José Martín. El hombre abrió la puerta de su negocio con cuidado, como para pispiar si había en la vereda algún cliente tardío, pero solo encontró soledad y frío, aunque cuando bajó la vista vio un bulto junto a la puerta.

«Lo vi de casualidad y lo primero que pensé es en alguna mugre que habían arrimado los perros callejeros», dijo el hombre y fue su hija Antonia la que se animó, primero con el pie y luego con las manos a abrir la extraña bolsa.

Nadie anda preparado en la vida como para encontrarse a un bebé tirado en la puerta de su casa y aunque los Martín no son la excepción, Antonia reaccionó con rapidez y enseguida cargó a la niña en brazos y corriendo se arrimó a la estufa, como para darle calor al pequeño cuerpito.

Después, la mujer y sus padres se arrimaron unas cuadras hasta el hospital Raffo donde la doctora de guardia examinó a la niña, determinó que estaba bien de salud, la vistió con algunas ropitas que había en la enfermería y, como conocía a los Martín de toda la vida, les entregó de nuevo a la pequeña, con la promesa de que a la mañana siguiente volvieran por allí.

Aunque era de madrugada, la parte del pueblo enterada de la noticia estaba revolucionada; ya contamos que doña Olga Campos y su marido se cruzaron a la casa de sus compadres, pero hubo otros vecinos que también se arrimaron, como una mujer que acercó con algunos pañales para convidar o Daniela, que amamanta a un bebé de dos meses y ofreció su teta por si la pequeña no agarraba la mamadera.

Ayer la niña fue llevada al hospital Perrupato donde quedó internada en la sala de neonatología y Antonia, que no ha podido volver a verla desde entonces, ya le ha puesto nombre al bebé y dice que se llamará Mía Macarena.

En Santa Rosa, los vecinos quieren que la beba permanezca con Antonia y han organizado para el lunes una marcha para apoyarla en su pedido ante la Justicia, que partirá desde la comuna a las 7 de la tarde y recorrerá las calles de la villa. «Es una buena mujer que aunque no se ha casado y no ha tenido hijos, tiene mucho cariño por los niños y ha ayudado a criar a sus sobrinos, con el mismo amor que puede dar una madre», dicen en el pueblo.

 

Fuente: Diario Los Andes.-