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Seguidilla de robos en una guardería infantil de Palmira

28/07/2011 Opina

A la guardería infantil Scalabrini Ortiz los delincuentes de Palmira parece que la han agarrado de punto. Sólo durante el último fin de semana hubo dos robos. Saltando una medianera baja que da a los patios, los ladrones entraron en la noche del sábado y también durante la madrugada del domingo (o del lunes feriado) y se llevaron la mayoría de los electrodomésticos, parte de los alimentos, algo de ropa y hasta algunos de los juguetes que tienen para entretenerse, los 60 niños que asisten a diario.

El edificio está en la esquina de Hermiz y Congreso de Tucumán, en el barrio Villa María y sobre la fachada de la guardería se mezclan un lindo mural, en el que se ven niños cantando y bailando con pintadas apuradas de aerosol negro con nombres sueltos y el escudo del club de Palmira. Al lugar asisten unos 60 niños de entre un mes y medio y trece años, que quedan al cuidado de un grupo de mujeres, mientras sus madres salen a trabajar.

La directora de la guardería, María Gladys Carelli, explica que los delincuentes entraron al patio del establecimiento, luego de saltar la medianera, rompieron un par de puertas y se llevaron de todo un poco, incluso ropa de niños guardada en un armario y leche.

La guardería siempre atendió el cuidado de pibes humildes; a comienzos de los 90, cuando se construyó su actual edificio, sirvió para dar de comer a los hijos de los ferroviarios que habían quedado desempleados, luego de que el ex presidente Carlos Menem privatizara el sistema de trenes; con los años, la escuelita mantuvo esa característica y hoy recibe a chicos cuyos papás tienen que salir a trabajar y no tienen con quién quedarse. «La mayoría son muy humildes, niños de mamás que viven solas», dice una de las docentes.

María Luisa es cocinera y mientras prepara tallarines para las 60 boquitas que almorzarán al mediodía se lamenta por el robo: «Nos llevaron el televisor, el DVD y un equipo de música. Es una maldad muy grande porque son cosas que sirven para entretener y enseñar a los chicos», dice mientras pica zanahoria para el estofado.

Gladys dice que están como acostumbrados a que se les metan en los patios y que en los techos de la guardería suelen aparecer bolsas de pegamento y jeringas: «Tal vez la solución es un sereno que cuide el lugar y también una alarma, porque a las rejas siempre nos las arrancan», dice la directora y calcula que en los últimos diez años ya los han asaltado unas 15 veces.

Celeste tiene nueve años, a la mañana va a la guardería y por la tarde al 4° grado de la escuela Güemes, que queda a unas pocas cuadras de allí. Dice que le gusta estudiar y jugar, y también que es una lástima que les hayan robado el televisor «porque ahora no podemos ver los dibujitos». Sus compañeros asienten con la cabeza.

El comisario Daniel Silva dice que a los barrios de la zona hay asignado un patrullero que recorre el lugar en forma permanente; Gladys le da la razón y asegura que la policía no los ha dejado solos, «pero el problema es que estos delincuentes son como gatos y en un segundo se cruzan la pared y ya desde la calle no se los ve más».

 

Fuente: Diario Los Andes.-