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Crudos relatos en el juicio por el crimen de un comerciante

10/08/2011 Opina

El 28 de setiembre de 2009 y mientras hablaba por teléfono con su hija Sonia (47), para avisar que ese día llegaría tarde a la casa, don Pedro Gini (65) no podía siquiera imaginar que a la noche lo matarían en medio de un asalto que salió mal.

Fue un crimen con mucha saña cometido en la finca Los Abuelos, la casa que Pedro y su esposa María del Carmen (64) tenían en las afueras de Junín, sobre el carril Retamo. El horror arrancó pasadas las 9 de la noche.

Los delincuentes deben haber ingresado por el frente de la casa y luego redujeron a la mujer en el dormitorio; unos minutos después sorprendieron a Gini en el patio, cuando bajaba de su camioneta y no mostraron ninguna piedad con el hombre: lo ataron de pies y manos con precintos de plástico, le estrujaron el cuerpo con un cable de 20 metros que lo envolvió por completo, le anudaron una bufanda al cuello y le partieron la cabeza a golpes. Así lo encontró su hijo Luis (49) un rato más tarde y así se lo explicó ayer al tribunal, en el inicio del debate por el homicidio, que tiene a cinco personas acusadas por el crimen.

Pedro Gini se ganaba la vida vendiendo y reparando motosierras y tenía junto a su casa uno de los locales más importantes del rubro en toda la zona. Esas herramientas era lo que buscaban los delincuentes y cuando escaparon dejaron una veintena de ellas en los sillones de la casa y también cargadas en la camioneta de la víctima; el cuerpo de Pedro fue encontrado por su hijo varón, sobre un enorme charco de sangre, «más grande que una mesa», según quedó asentado en la descripción de la escena.»Mi papá era un laburante y no merecía morir así», dijo ayer Luis al tribunal de la Cámara del Crimen de San Martín, presidido por Salvador Arnal e integrado por Eduardo Orozco y Jorge Del Pópolo.

Para hoy se espera la declaración de 16 testigos pero ayer, en la primera jornada de debate, declararon los hijos de la víctima, Sonia y Luis, cuyas casas se encuentran a menos de 50 metros de la de sus padres.

Ambos llegaron al lugar del crimen cuando los delincuentes habían escapado Sonia relató que su madre estaba en cama por una operación reciente, que ella le aseguró que los ladrones que vio eran cuatro, que la encerraron en el dormitorio, que se turnaban para entrar a la pieza y que uno de ellos le acercó un vaso de agua. María del Carmen se enteró del asesinato de su esposo esa misma noche, pero mucho más tarde, cuando una psicóloga, que llegó junto con la policía, le aconsejó a la hija que había que contarle lo sucedido. «Le cayó muy mal. Desde entonces vive depresiva y yo también estoy con tratamiento psiquiátrico», contó Sonia.

Esa noche Luis y su familia habían invitado a cenar a su casa al padre Marcelo, que en ese momento era el cura de Junín. Estaba preparando la comida cuando escuchó a su madre gritar afuera «ahí van los chorros», dijo ella, que se animó a salir del dormitorio cuando ya no escuchó ruidos y que no vio el cuerpo de su esposo en el comedor, porque estaban las luces apagadas.

Luis y el padre Marcelo fueron lo primeros en ingresar a la casa y, tras encender la luz, se encontraron con don Pedro: «Le solté las manos y corté los cables con un cuchillo. Quise reanimarlo pero creo que ya estaba muerto; afuera había más sangre, un poco junto al quincho y también al lado de la camioneta», dijo el hijo de la víctima, que en más de una ocasión se dio vuelta para mirar cara a cara y durante varios segundos a los acusados.

 

Fuente: Diario Los Andes.-