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Puesteros del secano de San Martín enfrentados con una firma coreana

27/08/2011 Opina

Un conflicto por la propiedad de un campo de 8.000 hectáreas en Nueva California, al norte de la ciudad de San Martín, tiene enfrentadas a unas 15 familias de puesteros que viven en esa zona, con una firma de capitales coreanos que hace más de un año compró las tierras, con la idea de concretar un proyecto de plantación de almendros.

«El problema lo tenemos en una fracción de 8.000 hectáreas, que son parte de un campo comunitario y más grande, donde vivimos quince familias», cuenta Griselda Suárez, que vive en el puesto La Verde y agrega: «Desde hace un año y medio nos quieren echar, pero somos toda gente nacida y criada en estas tierras, con animales que siempre han pastado en estos campos. Hay familias que llevan más de cien años acá; en mi caso nomás, mi abuela paterna y mi mamá son nacidas en el puesto».

Nuevo Cosmos SA es una firma de capitales coreanos que en diciembre de 2009 compró, en tres millones de dólares, un terreno en el secano de Nueva California, ubicado a más de 60 kilómetros al norte de la ciudad de San Martín.

El campo en cuestión ronda las 8.000 hectáreas y limita al norte con el departamento de Lavalle, al sur con la calle Talavera, al oeste con la calle Oneto y al este con una larga picada. Los coreanos piensan desmontar el campo y plantar almendros que serán regados y nutridos por goteo; en realidad ya han comenzado a hacerlo en una fracción de ese terreno de unas 500 hectáreas, que va desde la calle Oneto hasta las vías del ferrocarril.

El problema es que los puesteros aseguran que esas tierras les pertenecen, que allí viven sus animales, que tienen la posesión desde hace décadas y que ahora los quieren echar del lugar en el que han vivido siempre.

«Esta firma coreana compró el título de las tierras, pero para tener la propiedad, el Código Civil dice que también es necesario ver el modo en el que se toman y acá se hace imposible porque allí hay gente viviendo desde hace años», explica Javier López Maida, abogado de las quince familias de puesteros que pelean por las tierras y que ha presentado una acción posesoria en el Segundo Juzgado Civil de San Martín, para evitar que los campesinos sean desalojados y como primer paso para aspirar a que la gente conserve su tierra.

Graciela vive en el puesto La Verde junto a su padre y sus dos hijos, uno de 16 años y el otro de 20, que está en pareja y estudia para maestro rural. En su puesto y en el resto de los que hay en la zona, la gente se dedica a la ganadería extensiva y las vacas, las yeguas, los burros y las cabras salen a pastar y a buscar comida a lo largo de varios kilómetros. El agua allí es vital y escasa, y cada puesto tiene su pozo de balde y las familias comparten para sus animales, las aguadas y ramblones que se forman naturalmente, con el agua de lluvias.

«Hoy los animales deben andar a unos 12 kilómetros de acá, pero mañana vuelven solitos», dice muy seguro Daniel, uno de los hijos de Graciela, a cargo del rancho ahora que su madre anda lidiando con el tema con los coreanos.

«Últimamente, tenemos conflictos a cada rato porque la empresa quiere tomar la posesión por la fuerza y manda obreros a alambrar las tierras y a quemar el campo o maquinarias para desmontarlo, pero nosotros hemos llevado el tema a la Justicia y pedimos que no se haga nada hasta que un juez decida de quién son las tierras», dice Griselda, que junto a sus vecinos se interpone en el camino de la empresa cuando su personal llega para trabajar en el campo. «Es difícil y agotador porque nosotros recorremos el terreno a pie o de a caballo y ellos lo hacen en camionetas», cuenta la mujer.

Liza Nasisi pertenece a la Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra y su grupo está acompañando la pelea de los puesteros. «Una cosa son los planos de Catastro que les vendieron a los coreanos y donde dice que el terreno está libre de ocupantes y otra la realidad, porque la posesión de estas tierras por parte de estas familias ha sido ininterrumpida, pacífica y pública por lo menos desde 1935», explica Liza y sigue: «La ley dice que para ser dueño hace falta el título, pero también la posesión y esto último ni los coreanos ni el dueño anterior de ese campo lo tienen, sino que es de los campesinos».

Por ahora, nadie sabe cómo terminará la disputa, pero está claro que la pelea legal llevará su tiempo. Hasta el momento, hay un recurso de amparo presentado por los puesteros y una serie de denuncias penales cruzadas entre ellos y la firma coreana. «En el campo, la posesión de una tierra no se da sólo por los límites de la casa, sino que se tiene en cuenta también el terreno que los animales recorren para comer; es por eso que aunque las familias vivan en un extremo del terreno, tienen la posesión de todo el lugar», cierra Liza.

 

Fuente: Diario Los Andes.-