HomeMAS NOTICIAS

Jardín Oeste, un barrio de Las Catitas con vecinos reconocidos

29/08/2011 2 Comentarios

El barrio Jardín Oeste, de Las Catitas, forma un curioso triángulo entre las calles 9 de Julio y Sánchez, que se completa con la ruta 50, que viene a ser la principal arteria que recorre ese distrito santarrosino.

Aunque hoy viven allí unas 400 personas, durante años el lugar fue un pequeño caserío que creció lentamente, con el arranque del siglo XX y entre los pichanales (maleza) que cubrían las tierras.

Conocido como ‘el barrio de los perros’ -un mote que a los vecinos no convence demasiado- el Jardín Oeste le ha dado al departamento dos intendentes, un par de fábricas importantes y un puñado de buenos deportistas, que son parte de la historia del lugar. Todo eso en apenas tres cuadras, aunque alguna de ellas tenga más de 400 metros de larga.

«En Santa Rosa lo conocen como el barrio de los perros pero pocos saben a qué se debe el asunto; resulta que acá supo vivir un hombre, don Victorino Cornejo, que fue uno de los baqueanos más conocidos de la zona, un gran cazador que tenía una enorme cantidad de perros», cuenta Jorge ‘Lito’ Olivares, vecino del barrio e intendente de Santa Rosa por el peronismo en tres oportunidades, incluida una con escándalo en la que no lo dejaron asumir, porque uno de los electores que debía apoyarlo se le dio vuelta.

La gente recuerda que el Jardín Oeste fue uno de los primeros barrios de Las Catitas y que empezó a tomar forma en lo que a principios del siglo XX, fue conocido como el loteo Atrache.

«Se fue dando así, de a poco y desprolijo, como surgen las cosas que no están planificadas; la gente tenía unos pesos y se compraba un lote» dice Elena Lucero, vecina que no nació en un hospital sino en una casa del barrio, como Jorge Olivares, otro de los que llegó al mundo en el Jardín Oeste, ayudados todos por doña Emilia Rey Barrera, una conocida partera que hizo más de un trabajo en la zona.

Uno de los primeros avances que tuvo el lugar fue el hormigonado de la ruta 50 (en la década del 40 y cuando todavía ese camino era la ruta 7), indispensable para que los pibes pudiesen ir a la escuela nacional 101 sin embarrarse; poco más tarde, fue muy festejada la apertura de la calle Unión, que viene a ser la principal del barrio y que lleva ese nombre, precisamente porque su construcción fue una lucha conjunta de los vecinos.

Para tener agua potable en las casas, el barrio Jardín Oeste debió esperar un tiempo y al principio hubo que arreglarse con un grifo comunitario en calle Unión; también la gente iba con su damajuana hasta la cisterna de los ferrocarriles, al sur del barrio, de donde sacaban un agua blanda y pura que los trenes usaban para sus calderas.

Los vecinos tienen gas natural, luz y teléfono pero piden el asfalto y las cloacas; serían dos grandes triunfos que por ahora no pasan de proyectos. «Cuando llueve, esto es un verdadero barrial y no se puede entrar ni salir», dice don Sixto; y los vecinos también se quejan porque el entubado de la hijuela Suárez, que cruza por el barrio está dejando sin agua a la arboleda de la zona y hay temor de que se sequen.

En medio de la charla, surge el recuerdo de algunos vecinos, como el de la maestra Ana Shelta, que llegó de San Luis en los años 50 o el de Juan Félix Páez, peluquero a domicilio, guitarrero y cantor.

«Tenía una valijita con sus tijeras y llegaba a cortarte el pelo, pero si se armaba la guitarreada seguro que se iba de madrugada», dice Ariel Lira; también el de Antonio Avila Díaz que llegó a Mendoza escapando de la guerra civil española y que en Santa Rosa se hizo pescadero. «Tenía una carretela con la que recorría todo el pueblo, tirada por un burrito llamado Brasilio; el fin de semana, el hombre pasaba por las casas para sacar la basura del barrio y nunca cobraba un peso», cuenta María Esther Vizaguirre.

A falta de una plaza en el barrio, los vecinos piden al menos, que se instale cartelería para que los chicos que cruzan la ruta 50 para ir a jugar lo hagan sin tanto peligro.

La conversación sigue en medio de los recuerdos, las anécdotas y la mención a las familias más antiguas del lugar, los Guiñazú, los Muñoz, los Giménez y los Lira, pero todos coinciden en algo, y es en que lo mejor que tiene el barrio Jardín Oeste es la cordialidad de su gente.

 

Fuente: Diario Los Andes.-

 

2 Comentarios »

  • Maria Laura Parra dijo:

    Siempre leo los articulos que publican sobre mi pueblo…hace 32 años que no vivo alli pero mi corazon jamas se fue de Las Catitas…hoy lei que mencionaron a mi madre y realmente fue un orgullo saber que aun a pesar de los años la recuerdan…ella amo su profesion y amo el pueblo catitero…eso nos inculcaron a todos a no olvidar nuestras raices a enorgullecernos del lugar que nos cobijo…desde que se recibio trabajo alli y ser la partera en esos año no fue nada facil…gracias a los que la recuerdan mi madre se llamaba Emilia Rey de Parra!!! hay un error en el apellido.Los felicito por informarnos cada dia sobre las cosas que pasan en nuestro departamento Santarrosino!!!

  • sonia mabel gonzalez dijo:

    me encanta y me emociona saber sobre la gente que vive en santa rosa, más en las catitas porque trabaje como docente en el jardin maternal semillita de mostaza, y tengo los mejores recuerdos de la gente y de los niños, la calidez y el amor que me brindaron no se me olvidará jamás, aprendi mucho de ellos, gracias por todo lo bien que hicieron, los quiero mucho!!!.