HomeMAS NOTICIAS

Casi 80 años viviendo en el ferrocarril

25/02/2012 3 Comentarios

Anastasio Pérez se pasó la vida trabajando la viña y a la vuelta de los años, cuando como él mismo dice «va quedando solo un poquito de hilo en mi carretel», el destino le ha pagado con mala moneda y lo tiene solo y achacado, viviendo de prestado en la pieza de una vieja construcción del ferrocarril, en el pueblo de Philipps, al este de la ciudad de Junín.

Son las 10 de la mañana y la escasa ventana de su pieza sigue cerrada, cosa rara según los vecinos, porque Anastasio es de madrugar, aunque no tenga nada para hacer, es de madrugar y de sentarse a mirar por la ventana hacia la calle de tierra que pasa enfrente.

Golpeo la puerta y llamo a través de la madera; recién con la insistencia responde y dice que espere, que ya va, pero van a pasar casi 15 minutos hasta que finalmente abra. Don Anastasio tiene 79 años y un problema feo en la cadera, cuenta que los dolores se agravaron en los últimos meses y que es por eso que casi no sale de la pieza y que apenas si puede caminar; dice también que necesita una prótesis, que alguna vez en el hospital le dijeron eso, pero que es muy cara.

«Hasta el año pasado caminaba y me iba a buscar agua al barrio, despacito, con un balde y apoyándome en la bicicleta, pero ahora ya ni eso siquiera», explica, mientras invita a pasar y abre la ventana para comprobar de reojo que la calle sigue allí y para que entre algo de sol y para que salgan los vahos del encierro.

-¿Hace cuánto que vive acá, don Anastasio?

-Ya son muchos los años, desde que tengo memoria. Mi papá era empleado del ferrocarril y le dieron esta casa: el tren venía desde Palmira, pasaba por Rivadavia, por acá y seguía hasta el ramal de Alto Verde; después Menem privatizó todo porque le daba pérdidas y el tren dejó de pasar; para esa época ya me había quedado solo.

-¿Nunca se casó?

-No hubo suerte; durante un tiempo pagué alquiler, pero un día dejaron de cobrarme y hasta parece que se han olvidado, porque nadie viene a preguntar qué hago viviendo en el ferrocarril.

Del paso del tren por el pueblo no quedan recuerdos, salvo la casa de Anastasio, que a pesar de las lluvias, de los vientos y del tiempo tiene esa inmortalidad de los ferrocarriles ingleses; de lo demás no hay nada, ni siquiera las vías y en su lugar creció un barrio humilde, La Pastosa; ahí vive doña Brisa, que dice atender un pequeño merendero y que de tanto en tanto le acerca alguna cosa al «viejito del ferrocarril», como lo llaman los pibes.

Anastasio es jubilado y con descuentos le quedan mil pesos en el bolsillo; de ahí paga 400 a una mujer para que le lleve algo de cenar.

-¿Y qué es lo que comió anoche, si es que se puede saber?

-Sopa.

-¿Y la anterior?

-Otra sopa.

Le pregunto si él también fue ferroviario, pero me dice que no, que toda la vida anduvo de obrero de viña y que ya en el ’48 estaba en blanco. «Bueno, eso es lo que decía el patrón, pero vaya uno a saber porque yo creo haber aportado desde siempre y resulta que no, que al final faltaba plata. Es triste, toda la vida entre surcos y recién me pude jubilar cuando Kirchner se acordó de los viejos como yo; igual, es una miseria la que gano para tanto esfuerzo y tantas heladas».

Don Pérez tiene PAMI y el centro de salud de Philipps lo ayuda con algunos de los remedios que precisa; una vecina se arrima hasta la estación de tren y cuenta que ella le hizo los trámites para tener la mutual, después pregunta cuándo sale la nota en el diario y si voy a poner el favor que ella le hizo.

Con dificultad, el hombre se sienta junto a la ventana, cerca de un viejo almanaque que cuelga de un clavo muy grueso; hay otros almanaques en las paredes que tampoco cuentan los días, pero que siguen allí, tan olvidados como Anastasio.

En la comuna de Junín dicen que por tener PAMI, a don Anastasio Pérez lo tiene que ayudar su mutual: «Aunque nadie se lo puede llevar de allí si él no quiere; ni siquiera el juez», aseguran en la comuna y agregan que «el PAMI ya está buscándole un lugar en un asilo de la región».

Vuelta a la estación de trenes:

-Y dígame, don Anastasio, ¿no le gustaría irse a vivir a otro lado?

-Antes no quería, pero hace tiempo que ya les he dicho que sí, que no tengo problemas porque la verdad es que ya no puedo andar solo; pero no pasa nada y acá me tiene, esperando sentado.

 

Fuente: Diario Los Andes.-

3 Comentarios »

  • philipps dijo:

    POBRE DON PEREZ 400 PESO POR TOMAR SOPA UNA VEZ AL DIA, QUE INJUSTO, TAMBIEN FALTO DECIR QUE LA GUARDERIA LE DA EL ALMUERZO. Y QUE EL MERENDERO ES PARA LOS HIJOS DE LA FAMILIA MOYANO, Y QUE FAMILIA! Y QUE A DON PEREZ LO QUIEREN SACAR DE SU CASA PARA DERRUMBARLA PARA UN FUTURO BARRIO, PROMETIDO EN CAMPAÑAS POLITICAS, Y MUCHO MASSSSS

  • alicia gelvez dijo:

    pobre hombre tantos subsidios para bagos que pueden trabajar ytanta burocracia para ayudar ha un anciano

  • VISIONDIFERENTE dijo:

    PHILIPPS TENES RAZÓN TODO LO QUE COMENTAS ES CIERTO, QUE DE LA GUARDERÍA LE LLEVAN COMIDA, SEGURAMENTE EN LAS PROMESAS DEL INTENDENTE ABED DE CASAS EN EL FERROCARRIL NO LO TUVIERON EN CUENTA, TOTAL YA NO VOTA