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Hace años la golpearon y arrojaron al agua, pero el crimen nunca se aclaró

30/03/2012 Opina

A la mamá de la señora Eva Fanny Martín la mataron un 26 de diciembre de 2008 y hasta hoy nadie ha respondido por eso «no hay detenidos ni sospechosos y el expediente hace meses que no se mueve».

La víctima tenía 79 años, vivía en Junín y murió ahogada luego de que alguien la arrojó desde una carretilla a un canal de riego; la investigación del caso descartó el robo y subrayó que el asesino posiblemente conocía a la anciana, aunque no hubo otros progresos de importancia y parte de esos pocos avances se consiguieron gracias a que la propia familia buscó y aportó datos y pruebas.

La víctima se llamaba Ana María Molina y vivía en Medrano, en una finca que está unos dos kilómetros al oeste del pueblo. En esa zona, donde se suceden los cultivos, el vecino más cercano nunca está a menos de 500 metros, pero así y todo, doña Molina pasaba poco tiempo sola porque a las visitas de su familia, se sumaba la presencia de un obrero de mucha confianza que atendía los viñedos y también la de un matrimonio joven, con un hijo de 10 años, que desde hacía algún tiempo ocupaba unas habitaciones, a cambio de hacerle compañía a la dueña.

En la siesta del 26 de diciembre de 2008, una parejita que se bañaba en el canal matriz San Martín, cerca del barrio Ambrosio, en Junín, vio con espanto que venía flotando una mujer; pasado ese susto inicial y con ayuda de una cuerda lograron sacar el cadáver. Más tarde, la policía supo que se trataba de Ana María Molina y que su cuerpo había viajado por el agua durante tres horas. Tenía muchos golpes y costillas rotas.

Esa misma mañana había ocurrido el crimen: alguien entró a la casa de la señora, posiblemente discutió con ella y la golpeó muy fuerte aunque no como para matarla, luego la cargó en una carretilla y tras cruzar los viñedos por uno de los callejones de la propiedad, la arrojó a un canal donde murió ahogada.

No se llevaron nada

«En la casa de mi mamá todo estaba en orden, no faltaba nada e incluso su cartera tenía $600; las puertas habían sido cerradas por fuera y la llave nunca apareció», explicó Fanny Martín y agregó: «Encontramos la huella de una carretilla que iba por uno de los callejones hacia los fondos de la finca, donde cruza el canal San Martín».

En esos primeros instantes la policía especuló con un accidente, un suicidio y también con un homicidio, aunque la familia siempre tuvo claro que a doña Molina la habían matado, entre otras cosas porque prácticamente no podía caminar y la distancia hasta el canal es de varios cientos de metros.

Si bien la policía revisó casi toda la casa, Fanny dice que hubo errores gruesos: «No levantaron las pisadas que había en el callejón y a la carretilla la vinimos a encontrar nosotros a los días; había sido lavada y guardada en una pieza del galpón y esa llave tampoco apareció».

Si bien la carretilla fue lavada por el asesino para ocultar su uso, entre los pliegues de las chapas los investigadores encontraron sangre de la víctima. «Ningún desconocido se toma el trabajo de ordenar la casa, cerrar con llave, lavar la carretilla y, encima, no llevarse nada; en fin, el que atacó a la víctima la conocía y no quiso ser descubierto», dijo uno de los investigadores.

El matrimonio que le hacía compañía declaró que esa mañana no estuvo en la casa: él dijo que se fue a trabajar y ella a hacer trámites, pero las dudas siempre existieron, especialmente para los vecinos del pueblo. A la semana del hecho esa familia dejó la casa, pero un dato curioso es que la mañana del crimen el obrero de la finca se encontró entre las viñas con el hijo del casero y cuando le preguntó qué andaba haciendo, el niño dijo que su madre lo había mandado a ver si venía agua por el canal.

Días antes, la víctima le contó a su hija que había discutido con la mujer por una boleta de la luz impaga y que últimamente el trato entre ellas había desmejorado, pero finalmente no se probó nada.

 

Fuente: Diario Los Andes.-