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La “muerte digna”, en carne propia

13/05/2012 Opina

Claudia es una mujer de 40 años que vive en San Luis capital con su marido y sus tres hijos. Es cosmetóloga (hizo un curso en Mendoza para ejercer esa actividad) y especialista en todo lo que hace a la estética y a la belleza femenina.

A los 39 años se enfermó; un cáncer de mama le ocasionó metástasis óseas múltiples. En su provincia le dijeron que tenía una hernia de disco y no le pronosticaron más de 20 días de vida. No conforme con ese diagnóstico, Claudia y su esposo viajaron a Mendoza, donde se encontraron con el doctor Marcelo Álvarez, encargado de cuidados paliativos del hospital Central. Aquí supo que lo que tenía era cáncer, y que con el tratamiento que recibiría podría llevar una mejor calidad de vida.

“Cuando llegué a Mendoza estaba en silla de ruedas. Empecé a tratarme y ahora hasta puedo manejar el auto. Los médicos no me decían qué tenía. Me di cuenta en el hospital cuando me llevaron a un consultorio que decía ‘Oncología’.

Es muy feo no saber, creo que todos los pacientes deben estar al tanto de lo que les está pasando. Hice quimio y radioterapia muy fuerte. Me pasó todo lo que me dijeron que podría pasar: tuve diarrea, hemorroides, vómitos y, lo que más me afectó, me quedé pelada. Tenía el cabello largo y un día en la ducha me quedé con el pelo en la mano. Me compré una peluca y les tuve que decir a mis hijos que la peluquera me había hecho un desastre porque volví con corte carré y con otro color de pelo”, relata la mujer.

Claudia es de esas personas positivas, que no decaen en la lucha, que le ponen una sonrisa a la adversidad. Actualmente recibe una quimioterapia suave para los huesos y va a una kinesióloga especialista en la parte ósea ya que,  según describe, sus huesos son muy finitos y se pueden quebrar fácilmente.

Mientras tanto sigue trabajando, dedicándose más que nada al área facial de sus clientas. También hace bijouterie y dicta un taller en una clínica de su ciudad. “Es para mis compañeras oncológicas. Les enseño cómo ponerse el pañuelo en la cabeza o la peluca y cómo maquillarse las cejas cuando se les caen. Se ponen muy contentas las chicas”, cuenta alegre Claudia, quien dice que le gustaría crear una fundación porque necesita ayudar a la gente que está pasando por lo mismo que ella.

A favor de la Ley

El miércoles el Senado de la Nación aprobó por unanimidad el proyecto de “muerte digna”, convir tiéndolo así en ley.

La norma, que recibió 55 votos a favor, otorga al paciente que tenga “una enfermedad irreversible, incurable y se encuentre en estado terminal o haya tenido un accidente, el derecho a manifestar su voluntad de rechazar procedimientos quirúrgicos, de hidratación, alimentación y reanimación artificial, cuando sean extraordinarios o desproporcionados a las perspectivas de mejoría y produzcan dolor y sufrimiento desmesurado”.

En este sentido, Claudia dice estar muy de acuerdo con la Ley: “Estoy totalmente a favor porque es muy feo que te tengan viviendo artificialmente. La muerte la vamos a tener todos. Yo sufrí mucho; es horrible estar postrada en una cama sin poder hacer nada y encima sentir que molestás a los demás. Hay mucha gente que se enojó con la normativa pero yo en mi caso si estuviera sufriendo mucho la pediría”.

Ella considera que de la muerte, que es parte de la vida misma, hay que hablar sin tapujos, al igual que del cáncer. “En nuestra sociedad son palabras tabúes. Muchos de mis compañeros no quisieron dar notas a los medios para que la gente no se entere de que tienen cáncer. Me dio algo de bronca porque no tiene nada de malo decirlo. Les pasa a pobres y ricos. Yo rezo y le digo a Dios que si esta es mi cruz la voy a aceptar. Pero la enfermedad no me va a llevar a mí, yo voy a llevar a la enfermedad”, concluye la sanluiseña con firmeza, al tiempo que dice estar muy agradecida con todo el equipo profesional y humano que la atiende en el hospital Central.

 

Fuente: Diario Los Andes.-