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El Carrizal: la historia que arrancó en los años sesenta

28/05/2012 1 Comentario

Nos vamos a referir en esta entrega de la sección Por los barrios a la villa El Carrizal, que es el pueblo que está junto a la margen oeste lago del dique del mismo nombre, un lugar que ha crecido mucho en los últimos años a través del desarrollo inmobiliario.

Sin embargo, pese a ese crecimiento no ha podido levantar vuelo definitivamente ni convertirse en algo parecido, por aproximación al menos, a Potrero de los Funes (San Luis) o Carlos Paz (Córdoba).

En realidad la villa El Carrizal fue el primer desarrollo de viviendas en lo que se conoce como Carrizal de Abajo, y al que sucedieron con los años otros loteos importantes.

Además de esa villa fundacional y los restantes asentamientos de viviendas, muy cerca se levanta desde hace varios años otro pequeño conglomerado habitado, Pueblo Unidad, que debe su existencia a la gestión de la Fundación Ecuménica de Mendoza.

Como el visitante sabe, se habla de Carrizal de Abajo, porque a lo largo de la ruta 16 se escalonan las localidades de Carrizal del Medio y Carrizal de Arriba, esta última pegado al Acceso Sur.

Los comienzos

De la mano de Raúl Fernando Schweizer  (70), un colonizador  fanático de la zona, iremos conociendo los hitos del pueblo que describiremos.

A mediados de los años ’60, El Carrizal era un pueblo pequeño. Por supuesto no había dique, y sí   una escuelita (la Antonio Moyano) y la capilla Virgen del Rosario, que por estos días es más que centenaria (ver aparte).

Por ese entonces, y a la par de grandes descampados, había excelentes fincas y viñedos en producción y algunas grandes casonas que sus dueños ocupaban para disfrutar sus vacaciones.
El camino de acceso desde la vieja ruta 40 era un callejón polvoriento y descuidado.
En el pequeño pueblo residían familias que fueron protagonistas de la historia del hermoso lugar, algunas de las cuales permanecen todavía en segundas y terceras generaciones.

Eso sí, por entonces no había ningún servicio, y el agua se tomaba del arroyo El Carrizal.

Una señal de gran cambio se gestó en 1965, cuando el gobierno provincial comenzó a construir el dique El Carrizal, lo que generó un progreso con el arribo de empresas contratistas y operarios. Muchos muchachos de esa época trabajaron en lo que sería la gran obra del distrito.
Como no existía un pueblo propiamente dicho, Schweizer comenzó en 1966 con la primera urbanización.

Tenía 24 años. Fue el nacimiento de villa El Carrizal, pero el precursor  reconoce que sin el inestimable apoyo del agrimensor Eduardo César O’Shee, ex director de Catastro de la provincia, poco se hubiera podido hacer. Fueron cuatro manzanas al principio y en 1968, ya había ocho. El agua era de a poco, pero la electricidad todavía no llegaba al lugar.

Caminos y luz

Los siguientes avances fueron la construcción de la rutas 16 (de Ugarteche a El Carrizal) y 61 (de El Carrizal al dique Gobernador Benegas). Antes del asfalto, sólo llegaban a la zona los micros de la empresa Hispano Argentina, de los señores Scatolón y Porretta, unidades que hacían la travesía con gran sacrificio.

Había un horario a las 6 de la mañana y el otro a las 18. Más de un viejo poblador recordó que cuando salían de la tierra y llegaban a Ugarteche, el chofer pasaba el plumero por el interior del vehículo y también por la humanidad de los empolvados viajeros. Por otra parte, la electrificación rural empieza a brindar mejores condiciones de vida.

Como su destino ya estaba jugado por el crecimiento de la villa, Schweizer construyó la primera estación de servicios, bajo la bandera de Shell.

El establecimiento fue por muchos años el único abastecimiento de combustible en la comarca, imprescindible para los desplazamientos de los  vehículos de los vecinos, la ambulancia y algún que otro rodado policial.

La infraestructura de progreso siguió con la construcción en forma privada de una red domiciliaria de energía, que abastecía no sólo a la estación sino a las casas de la villa. Luego sería el turno del alumbrado público.

El teléfono era otra necesidad imperiosa porque las comunicaciones seguían siendo un lado flaco para esa parte del territorio. Una línea llegó a la estación de servicio y a ese aparato recurrían los pobladores de entonces.

El auxilio para esta gestión la dio Roberto Salvador, otrora director de Telecomunicaciones de la Nación. Un supermercado para los habitantes y los turistas fue otro avance y también se repuso una estafeta postal que había sido retirada.

La presa

Llegó 1971 y se inauguró el dique El Carrizal. Transcurría un gobierno de facto y al frente del gobierno local estaba el demócrata Francisco «Pancho» Gabrielli. Se pensó entonces en el gran despegue de ese sector del sureste lujanino.

Se instalaron clubes de pesca y náuticos. Se creó una amplia  expectativa, pero, y aunque los cambios fueron importantes, el gran desarrollo turístico y económico no se dio como soñaban los habitantes de aquellos tiempos.

Entre 1971 y 1984 se consiguen materializar otros loteos, como Coral SA; se amplía la villa, la base poblacional antes de todo. En 1984, Schweizer y sus amigos consiguieron escriturar un predio de 7 hectáreas para que 86  familias carenciadas tuvieran su techo propio.

Lamentablemente esta obra -bautizada Courviflor- no llega a su fin. En 1987 nació otro emprendimiento inmobiliario, llamado Portal del Lago, ya con servicios de agua, alumbrado público y energía eléctrica. Hacia 2000 los lugareños resolvieron imponer  un festejo popular afín a las aguas del espejo que tenían como símbolo y patrimonio, creando el Festival del Pejerrey.

En este operativo se sumó otro luchador zonal, Vicente Ramón Miranda, que si bien es más moderno en estas tierras, se volcó íntegramente a la zona. Se formó la Asociación Turística Dique El Carrizal; se construyó y emplazó el monumento al Pejerrey, símbolo del pueblo, y se creó un mirador, desde donde hay una vista espectacular hacia el este, con la presa y las serranías de Rivadavia.

La remodelación del centro de salud y la recategorización del destacamento policial, llevado a subcomisaría, son otras mejoras que nadie discute. La unidad policial se encuentra en un terreno donado por María Angélica González Moreno.

Pero, y a pesar de que en la doble gestión  de Omar De Marchi, se lograron adelantos, los que apuestan a la zona siguen insistiendo en que todavía está pendiente el sueño que se inició en los ’60 de ver a El Carrizal como un ícono turístico mendocino. Y por eso continúan gestionando ante las reparticiones competentes, como el municipio de Luján, las direcciones de Vialidad y de Recursos Naturales, el EPAS y Turismo.

Como se ha descripto, el crecimiento inmobiliario ha existido, pero falta un desarrollo integral con la construcción del camino del perilago, el estímulo a la inversión turística, en especial en algún hotel y lugares de gastronomía, el mejoramiento de calles interiores, la atención de arboledas en peligro y otros aspectos que hacen a un polo turístico de excelencia.

 

Fuente: Diario Los Andes.-

1 Comentario »

  • eli dijo:

    Amo el carrizal <3