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Día Mundial y Nacional del Ataque Cerebral

29/10/2012 Opina

Hoy se conmemora el Día Mundial del ACV, que en Argentina es la primera causa de discapacidad permanente en adultos 

El Congreso Mundial de Ataque Cerebral y la Sociedad Neurológica Argentina, con la adhesión de la Organización Panamericana de la Salud, OPS, resolvieron en el año 2008 destinar este día a informar a la comunidad acerca de esta grave patología que amenaza vidas y calidad de vida.
El control de factores de riesgo como la hipertensión arterial y la adopción de hábitos saludables por parte de la población son fundamentales para prevenir el Ataque Cerebrovascular (ACV), que provoca unas 14.000 muertes al año y es la primera cusa de discapacidad permanente en adultos en nuestro país, según estimaciones del Ministerio de Salud de la Nación.

El principal factor de riesgo para estos eventos es la hipertensión arterial, ya que ocho de cada diez personas que sufren un ACV son hipertensos. Otros factores que influyen son el sobrepeso y la obesidad, el sedentarismo, el consumo de alcohol, drogas y tabaco.

Si se tiene en cuenta que el consumo de sodio eleva la tensión arterial, la reducción en la ingesta diaria de sal es una sencilla forma de prevenir esta enfermedad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no consumir más de 5 gramos diarios y en la Argentina llega casi a 12 gramos diarios por habitante, por lo que es primordial disminuir el consumo de sal agregada en las comidas y también cobra suma importancia el compromiso de la industria de alimentos para reducir el sodio en los productos procesados.

Por otra parte, resulta muy útil que la población esté informada acerca de los síntomas que pueden preceder a un ataque cerebral, como por ejemplo adormecimiento o parálisis en una pierna o un brazo, dificultad para el habla, problemas en la visión y dolor de cabeza súbito pueden ser señales de la inminencia de un evento, que de ser tratado en forma oportuna puede disminuir las posibles secuelas.

 

-¿Qué es el Ataque Cerebrovascular (ACV)?

Es una afección causada por la pérdida de flujo sanguíneo cerebral (isquémico) o por el sangrado (hemorrágico) dentro de la cabeza. El primer tipo de ataque cerebral es el más frecuente y ocurre en el 80% de los casos.

Cualquiera de las dos situaciones puede provocar que las neuronas se debiliten o mueran, ya que sin oxígeno las células nerviosas no pueden funcionar. Las partes del cuerpo controladas por las regiones del cerebro afectadas dejan de funcionar.

Los efectos de un ataque cerebral suelen ser permanentes, ya que las células cerebrales muertas no se pueden reemplazar.

Por medio del reconocimiento temprano de los signos de un ataque cerebral y la búsqueda inmediata de atención médica, se pueden reducir las posibilidades de muerte y discapacidad.

 

-¿Cuáles son los síntomas?

Todos los síntomas del ACV comienzan en forma súbita. Entre ellos, los más frecuentes son:

–          Falta súbita de sensación, debilidad o parálisis repentinas en la cara, el brazo o la pierna, especialmente en un lado del cuerpo. Se trata del síntoma más frecuente.

–          Problemas repentinos para hablar o entender.

–          Problemas repentinos para ver con uno o los dos ojos.

–          Dificultades para caminar, mareo, vértigo, pérdida del equilibrio o falta de coordinación.

–          Dolor de cabeza súbito y de máxima intensidad

-¿Se puede prevenir o evitar?

Sí. Para ello es indispensable conocer los factores de riesgo. Estos representan las condiciones que predisponen a una persona a sufrir un ataque cerebral.

 

-¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico se basa en las preguntas que el médico hace al paciente o a su familia, en el examen neurológico y en los estudios complementarios. En las primeras horas, sólo es necesario un análisis de sangre, un electrocardiograma y una tomografía.

Un diagnóstico adecuado de la causa del ACV resulta fundamental para poder prevenir un segundo evento, cuya probabilidad de que ocurra es relativamente alta. Para ello, es necesario realizar estudios cerebrales por imágenes (tomografía computada o resonancia magnética), una evaluación de la circulación extra e intracraneal y un análisis de sangre para detectar alteraciones de la coagulación, además de un electrocardiograma y un ecocardiograma para identificar causas originadas en el corazón.

 

-¿Es posible rehabilitarse luego de un ACV?

Sí, en la mayoría de los casos los pacientes efectivamente mejoran. Es importante recordar que los efectos de un ataque cerebral son peores inmediatamente después de ocurrido el evento. A partir de entonces, la velocidad y calidad de las mejoras dependen de la extensión de la lesión cerebral y del éxito del tratamiento y la rehabilitación. Algunos puntos importantes a tener en cuenta son los siguientes:

– La recuperación comienza una vez finalizado el ataque y cuando el paciente está médicamente estable.

– Algunas mejoras son espontáneas y dependen de cómo funciona el cerebro después de la lesión.

– Los programas de rehabilitación para personas con ataques cerebrales ayudan a mejorar las capacidades y aprender nuevas destrezas y técnicas para adaptarse.

– Las mejoras suelen ocurrir más rápido durante los primeros meses después del ataque, luego siguen con el esfuerzo y dedicación continuos a través de los años.

– Se trata de una rehabilitación multidisciplinaria que abarca el lenguaje y aspectos motores, incluso contempla una terapia ocupacional, con el objetivo de mejorar las secuelas y reinsertar al paciente a su vida cotidiana.

– Además, es primordial la rehabilitación psicológica y psiquiátrica porque muchos pacientes sufren trastorno de la personalidad tras el ataque, mientras que otros pueden padecer demencia. También es importante tratar la depresión, ya que entre el 40 y 50% de los pacientes sufre estados depresivos como secuela del ataque, situación que perjudica la continuidad del tratamiento y de la rehabilitación.

 

-¿A quiénes afecta y a qué edades con mayor frecuencia?

Afecta más a hombres que a mujeres y la máxima frecuencia en Argentina se da entre los 65 y 70 años. Sin embargo, puede ocurrir a cualquier edad, desde el nacimiento hasta las edades más avanzadas.